Comunicado CSLP Barcelona, para la 11ª Mostra del Llibre Anarquista

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40 años de injusticia. 

Joe Stuntz y Anna Mae reclaman la libertad de Leonard Peltier.

Coincidiendo con la primavera de 1973, cientos de hombres y mujeres indígenas organizados en el AIM (American Indian Movement), ocuparon una zona del pueblo de Wounded Knee, en la reserva de Pine Ridge del estado de Dakota de Sur.

Wounded Knee era recordado por la comunidad indígena de los Estados Unidos, porque en 1890 el ejército federal masacró a 300 hombres, mujeres, niños y niñas indígenas, y parecía que en 1973 se iba a repetir la historia, pues el ejército llenó la zona de efectivos militares, policías federales y paramilitares.

Sin embargo en esta ocasión, la resistencia armada indígena se mantuvo durante 73 días y los reclamos de los pueblos nativos de los Estados Unidos, respeto a los tratados con las naciones indígenas y la autodeterminación de sus pueblos, se dejaron oír en todo el mundo.

Los continuos levantamientos indígenas, al igual que los de grupos insurgentes como los Black Panther Party, se convirtieron en la preocupación del gobierno de los Estados Unidos, que los identificó como “el principal enemigo para el modo de vida americano”, proponiendo como prioritario objetivo, su “total neutralización”.

En los años siguientes a la ocupación de Wounded Knee, el gobierno desató una ola represiva contra los habitantes de Pine Ridge, para sembrar el terror en la población indígena tradicionalista, acabar con los militantes del AIM y su influencia en el territorio, y para apoderarse del carbón, uranio y petróleo  de sus territorios. Dakota del Sur tenía la mayor proporción de agentes del FBI de todo el país, desplegando una estrategia asesina de tal dimensión, que en año y medio tras la ocupación de Wounded Knee, más de 60 militantes y simpatizantes del AIM murieron violentamente en Pine Ridge o cerca de la reserva. Más de 300 indígenas sufrieron ataques físicos violentos. La tasa per cápita de asesinatos cometidos por las autoridades en la reserva era tan alta como en Chile, donde un golpe militar de la CIA estaba matando a miles de personas. El FBI, que ocupó la reserva como un ejército, no resolvió ni uno solo de esos asesinatos, algunos tan crueles como el de Anna Mae, de la que sólo aparecieron sus manos cortadas. Sin embargo el FBI creó 316.000 clasificaciones en un plan contrainsurgente, para investigar y acabar con los indígenas que apoyaban el levantamiento armado.

En ese contexto, el 26 de Julio de 1975, el territorio del campamento de Jumping Bull en Pine Ridge, se vió inesperadamente violentado por dos agentes del FBI persiguiendo a una camioneta roja, en la que supuestamente viajaba un indígena al que se le acusaba de “robar un par de botas vaqueras” e iniciando un tiroteo.

Al oír los disparos en el campamento, los militantes del AIM se sintieron atacados y respondieron con sus armas de fuego. A consecuencia del tiroteo, murieron los dos agentes del FBI y un indígena militante del AIM, Joe Stuntz. A partir de ahí se desató uno de los mayores despliegues policiales en los últimos años de los Estados Unidos, con la finalidad de detener a tres indígenas (Bod Robideau, Dino Butler y Leonard Peltier), a los que hacían responsables de la muerte de los agentes, pero a nadie del gobierno le preocupó la responsabilidad por la muerte de Joe Stuntz.

Pese al extraordinario despliegue policial, no capturaron a ninguno de los tres fugitivos. Meses después, Bod Robideau y Dino Butler serían detenidos en diferentes lugares, y Leonard Peltier consiguió escapar a Cánada. Bod y Dino fueron juzgados mientras el gobierno americano reclamaba la extradición de Peltier, basándose en testimonios falsos conseguidos con amenazas. Mientras Dino y Bod fueron declarados no culpables del asesinato de los policías, consiguiendo el reconocimiento del jurado que en caso que los hubieran matado ellos, habría sido un caso de legítima defensa, el FBI preparó nuevas pruebas falsas contra Peltier mediante las que, en un juicio plagado de irregularidades, le condenaron a dos cadenas perpetuas.

Esos hechos que llevaron a Peltier a la prisión, sucedieron hace exactamente 40 años, cuando en este país todavía golpeaba la dictadura sembrando muerte con sus últimos estertores. Peltier ya ha pasado los 70 años de edad, y al igual que Mumia Abu-Jamal, Lxs MOVE, López Rivera y muchxs otrxs presxs políticxs de lxs Estados Unidos, están siendo exterminados con las cadenas perpetuas, las condenas permanentes “revisables” y las duras condiciones de las prisiones norteamericanas. Todas ellas son símbolo de unas luchas que el genocida sistema capitalista pretende enterrar.

Joe Stuntz y Anna Mae, dos activistas por los derechos de sus pueblos contra la hidra capitalista. De estar hoy entre nosotras, lucharían también por la libertad de todas esas presas políticas y por la autodeterminación de todos los pueblos.

El anarquista Harold H. Thompson, antes de morir enfermo en una prisión de Tennessee, nos recordaba que “un movimiento que olvida a sus presxs está condenado al fracaso”. Añadiría que ese fracaso también se produce cuando olvidamos a quienes murieron combatiendo tan dignamente, y por eso hoy traemos al recuerdo lo que sucedió en Oglala, a Joe Stuntz, a Anna Mae, Phil y Merle África, a Joëlle Aubron, o a Herman Wallace, uno de los tres Panteras de Angola que murió, en avanzada edad, muy enfermo y levantando el puño en una cama del hospital, tres días después de que un juez lo absolviera y lo pusiera en libertad en el 2013, y tras cuarenta años de aislamiento. Uno de sus compañeros, Albert Woodfox, todavía sigue encarcelado.

Preservar nuestra memoria y combatir el olvido, es también construir las resistencias. 

Libertad para nuestros hermanos y hermanas presas.

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